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El Proceso de Lavado de una Pollera


[El jabón a utilizar debe ser jabón en barra, neutro y sin olor. Se debe enjabonar la pieza en posición recta, sin arrugar la tela ni haciendo movimientos bruscos.]

El jabón a utilizar debe ser jabón en barra, neutro y sin olor. Se debe enjabonar la pieza en posición recta, sin arrugar la tela ni haciendo movimientos bruscos.


[Observe la manera de enjabonar la labor de la pollera: las manos en posición plana para no desarreglar los calados.]

Observe la manera de enjabonar la labor de la pollera: las manos en posición plana para no desarreglar los calados.


[Los encajes de la falda están expuestos a la suciedad, por lo que son unas de las partes más delicadas de la pollera.]

Los encajes de la falda están expuestos a la suciedad, por lo que son unas de las partes más delicadas de la pollera.


[La pretina y los cordones que sirven para amarrar la falda son otros de los puntos que se ensucian fácilmente.]

La pretina y los cordones que sirven para amarrar la falda son otros de los puntos que se ensucian fácilmente.


[La pollera debe ser torcida con mucha suavidad para no dañar los finos calados.]

La pollera debe ser torcida con mucha suavidad para no dañar los finos calados.


[El enjuague de la pollera debe hacer repetidas veces hasta que salga el jabón en su totalidad.]

El enjuague de la pollera debe hacer repetidas veces hasta que salga el jabón en su totalidad.


Por:

Tamara Ponce
2010-04-22

La pollera es el traje típico de Panamá. Es reconocido mundialmente por el lujo y la laboriosidad de sus calados y labores en color, todo ello confeccionado a mano y que pueden ser hechos en tela, lo que se conoce como labores de talco. En el caso del hilo, las labores pueden ser marcadas o zurcidas. Estos elementos finamente trabajados y la alta calidad de los encajes y las telas blancas utilizadas para la confección de polleras, le han otorgado a nuestro traje típico en repetidas ocasiones el título del traje típico más costoso, mas lujoso, mayormente elaborado y más hermoso del mundo.

Quien posee una pollera conoce perfectamente el valor que tiene nuestro traje típico, por lo cual debe conocer los cuidados que implica el hecho de ser poseedora de una pollera. Lamentablemente, en muchas ocasiones nuestra pollera no recibe los cuidados que merece debido al desconocimiento o la falta de experiencia. Por esta razón, el presente artículo tiene como objetivo destacar cómo debemos lavar nuestra pollera, tenderla, secarla y guardarla.

En primer lugar, se retiran de la blusa y la falda aquellos accesorios en lana o tela, como lo son el enjaretado y las motas o bolas de lana, en el caso de la blusa, y los gallos o gallardetes hechos de tela, en el caso de la falda. Una vez que retiramos estos adornos debemos enjuagar la pollera en un platón limpio, libre de polvo o del líquido que queda de lavadas anteriores, pues si este líquido contiene restos de blanqueador podríamos desteñir accidentalmente nuestra pollera y dañarla. En este proceso de enjuague, sirve para retirar restos de maquillaje, sudor y partículas del ambiente. Luego de esto se enjabona la pollera para lo cual se usa jabón en barra neutro, sin olor y preferiblemente de color blanco.

Luego, la pollera se restriega cuidadosamente mientras formamos la espuma con las manos en posición plana, de manera que los calados no sufran al momento de pasar el jabón por estas zonas de labor. El restregado no se hace igual que con una prenda común, ya que la tela debemos tomarla con gran cuidado.

Los puntos donde se debe intensificar el restregado, en el caso de la blusa son: alrededor del cuello y las mangas, especialmente en la zona de las axilas. En el caso de la falda, se hace mayor énfasis en la pretina, los laterales donde se unen las tiras que amarran la falda y los encajes, pues estos últimos están más propensos a ensuciarse. La pretina y los laterales son los puntos que más se ensucian porque es la zona que tocamos al vestirnos y al colocar los accesorios que van en la pretina, y debido al sudor de la cintura.

El enjabonado y restregado, si se requiere, podemos repetirlo hasta que haya salido toda la suciedad.

Una vez se retira toda la espuma, procedemos a tender la pollera. Esta debe ser tendida al revés y bajo sombra, pues si se tiende al sol y con las labores expuestas, estas irán perdiendo su color en pocos años.

Una vez seca la pollera, la misma debe guardarse sin almidonar para que tenga flexibilidad, pues si se guarda almidonada y planchada puede endurecerse y deteriorarse. Algunas personas la envuelven en tela acompañada con bolitas de alcanfor para alejar a los pequeños insectos que puedan llegar.

Es importante recordar que una pollera nunca debe ser lavada a máquina, ni siquiera en la configuración mínima de velocidad, ni mucho menos se debe mandarla a planchar a una lavandería, ya que sus calados podrían deteriorarse ante el mal manejo.

Si usted se dedica a la danza folklórica o alguna otra actividad que la obligue a usar frecuentemente su pollera, sabe que no es necesario lavarla cada semana, pues basta con dejarla tendida hasta que se disipe la humedad ocasionada por el sudor al bailar.

Cabe destacar que, para prolongar la duración de los pliegues del planchado, debemos sentarnos cuidadosamente o preferiblemente tomando la falda y dejar que descanse sobre el respaldar de la silla donde nos sentamos. Se sabe que al cabo de unas semanas se irán perdiendo los pliegues del planchado, lo que, aunado a un leve color crema en el cuello, es indicativo de que es momento de volver a lavar y planchar nuestra pollera. En el caso del cuidado de los encajes, es necesario que aunque no lavemos completamente la pollera, estos deben ser lavados de inmediato si se ensucian, debido a que son la parte más delicada de la pollera.

Finalmente le invitamos a seguir estos pasos, ya que aunque lo aquí expuesto no marca las reglas definitivas de cómo se tiene que cuidar una pollera, le aseguramos que con estos pasos se logra extender por mucho tiempo el período de vida útil de uno de sus bienes materiales más preciados, su pollera.


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